Alicia en el país de las maravillas.
Todos los días, al levantarse el sol, Alicia miraba por su ventana sabiendo que no le quedaba otra opción que levantarse. No tenía ánimos, y llevaba bastantes días con el pecho apretado, percibiendo que cada nuevo día que empezaba podría ser el día en que su monótona y simple vida cambiara para siempre. Siempre tuvo miedo a ser distinta, a ser querida, a ser odiada y por sobretodo, a ser traicionada.
Alicia se alejó de todos, y solo amaba a su gato; el único en quien podía confiar.
Alicia soñaba mucho, y reía mucho dentro de sus sueños, pero también lloraba al despertar por ellos, ahí en su soledad, y despertaba con lágrimas de su fatídico destino pre-diseñado. Sabía todo lo que le pasaría; sus sueños no mentían y aunque nadie la entendiese, ella sabía que su miedo no era en vano.
Alicia se despertó hace algunos días, nuevamente con el pecho apretado, y esta vez, todos sus sueños cobraron sentido. Pese al dolor y a esa angustia de saber que todo lo que alguna vez soñó y que trató de evitar se cumplía como en la peor de las predicciones, Alicia estaba tranquila, no era primera vez que un sueño se le hacía realidad; respiraba profundo y pensaba en su vida, llena de miedos, de inconsecuencias y de amores no correspondidos; pero pese a esto, debía aceptar que estaba predestinada a afrontar aquellos sueños, y como no era malagradecida, pensaba en la única bendición de su terrible condena: lo afortunado de Alicia al saber lo que le pasaría por adelantado.
Si su gato hablase le hubiese dicho; Paciencia Alicia, “las decepciones son avisos”, mirándola fijamente, meneando la cola y dando media vuelta.
La brigada de la cyberpitanza.
Todo esto comenzó hace algunos años, cuando un día, a las 3 de la mañana recibí una llamada un tanto extraña. Contesté como siempre, pero una voz que no conocía me dijo: “Hola Francisca, como has estado?”. Yo soy excelente para reconocer voces, pero esta vez me costó un poco, así que, entre el sueño que tenía y la curiosidad de saber quien era, le dije lo que obviamente todo el mundo dice en estos casos: Hola ¿Quién es?. He aquí donde empezó el problema. El tipo me empezó a decir que era alguien que yo amé mucho, que me deseaba, que me necesitaba y ahí empezó con el rosario de cosas IMPROPIAS, que pese a no ser groseras verbalmente, eran como sacadas de esas novelas rosas de corte erótico. Mi primera reacción fue colgar, cosa que no hice, porque lo único que quería era saber si podía reconocer esa voz, para ver si por último era una broma de mal gusto. No pude descifrarla, realmente no sabía quien era, así que terminé por colgarle. me siguió llamando, por lo menos unas 10 veces más, hasta me mandó un mensaje de texto diciéndome: Oye si tú sabes quien es!.
En esa época, al tiro le eché la culpa a un ex, porque estábamos peleados, pero nunca creí que él fuera tan ordinario como para decirme esas cosas tan cursis y chulas. Por último, si alguien te quiere hacer pitanzas, que te diga mil garabatos o que eres una tal por cual, pero enserio que este tipo era sacado de la peor novela rosa de la historia.Yo soy picadísima, y siempre cuando afectan mi burbujita de tranquilidad, jamás puedo dejar las cosas ahí.
Recuerdo una vez que se me perdió el Morrisey, el gato de mi hermana y hermano de mi gato Noah. En mi desesperación, me metí a un Chat de gente de La Serena (ciudad donde se había perdido el minino) y les suplique que si veían a un gatito con las descripciones del Morry, me llamaran al siguiente celular. Al par de días de mi pedido desesperado, a un pendejo chistoso se le ocurrió mandarme un privado en el Chat, diciéndome que tenía mi gato y que lo iba a matar si no le daba una recompensa. El par de ingenuas (incluyo a mi hermana) caímos redonditas, y fuimos a la supuesta dirección que nos dio, que obviamente era falsa.
Ese día empezó mi furia en contra de las pitanzas por Internet o telefónicas. Yo se que lo que voy a contar a continuación es el colmo de lo picada, pero para que vean lo que soy capaz de hacer cuando algo me molesta.
Me metí al Chat nuevamente y ahí estaba el NICK del impostor, obviamente, como la nerd que soy, lo putié virtualmente a través de la pantalla y el me putió de vuelta tratándome de ingenua, tonta y cuanta cosa más. En ese tiempo tenía un amigo trabajando en Chilesat, éramos yuntas y nos teníamos mucha confianza, así que para demostrar que no era ni tonta ni ingenua y que con mi gato nadie se metía, le pedí que por favor me diera el número de teléfono que correspondía a la IP del tipo del Chat. La IP es el número propio que todos tenemos cuando nos conectamos a Internet. Hace algunos años atrás, las IPs eran abiertas y todo el mundo las podía ver, hasta que los hackers empezaron a abusar de eso, y las compañias de internet las empezaron a encriptar. Mi amigo, muy amablemente me dijo que el número era de la IV región, y me lo dio. Busqué en http://www.blancas.cl/ para ver si podía encontrar la dirección de el número que me dio mi amigo y SHA NAN! ahí estaba, en Coquimbo. Para rematarla, el sujeto del Chat, me dio su nombre, Rodrigo; no sabía si también eso era mentira, pero había que intentarlo. Llamé al amigo más grande y alto que tengo, al Manuel, para que nos ayudara en la misión; pescamos la camioneta y junto a mi hermana, fuimos a buscar a mi corpulento amigo, y partimos rumbo a la dirección. Era en un cerro de Coquimbo. Nos bajamos y tocamos la puerta de la casa en cuestión y al abrir, Manuel, que mide casi dos metros y pesas unos cuantos kilos, dijo: Esta Rodrigo? – Si, soy yo – respondió un cabro chico, flaco y con cara de nada que abrió la puerta. El Manuel lo agarró del cuello y le dijo: YA PO, AHORA…DINOS DONDE TIENES AL GATO?. Creo que nunca había visto una cara más horrorosa como la del pobre mojón, casi se meo!!! Y empezó a pedir disculpas como loco, mientras el Manuel se “identificaba” como de la brigada del ciberdelito (que cosa más mula jajaja) y yo, toda picada, me acerqué, a lo muy Kiko cuando le hace un “chusma chusma” a Don Ramón, y le dije: NO TE METAS NUNCA MÁS CON NOSOTROS, PENDEJO OCIOSO! Y entre las amenazas de que lo íbamos a “demandar” (recuerden que yo demando por todo) y nuestras caras de desprecio, nos fuimos del lugar. Al llegar a la camioneta, no dábamos más de la risa. No podía ser que hubiésemos hecho tremendo operativo digno de la policía más experimentada, todo para decirle un par de cosas a un tipo que mintió por Internet; pero nos sentíamos bien, como si con la cara de horror y las mil disculpas del pobre niñito, hubiéramos cobrado venganza por todas aquellas personas que son embaucadas a diario por falsos amores virtuales o por todos los que han sido estafados de alguna forma a través del computador.
Con respecto a la pitanza teléfonica que recibí, obviamente, no me quedé ahí. Tengo contactos en todas las compañías de telefonía celular, así que averigué los datos de mi acosador con su número: tenía un teléfono de prepago rasca, se llamaba George, vivía en Los Ángeles y tenía 29 años. Solo para corroborar los datos, le pedí a una amiga que llamara y preguntara por George. Era él, era exactamente la voz que me había dicho tanta cosa morbosa. Supuse que no me volvería a molestar, así que me quedé tranquila sabiendo que era alguien que no conocía y que vivía lejos. Pero la semana pasada, después de casi 6 meses, empezó a llamar de nuevo. No le contesté, pero si le mandé un mensaje de texto con sus datos y dejándole en claro que “los acosos telefónicos son un delito” (cosa que hasta yo me creí) y que me dejara de molestar. El muy estirado roteque me escribió de vuelta, diciendo que no me conocía, que también era “abogao” (en esta profesión entra cualquiera al parecer) y que poco menos éramos colegas. Como no me iba a quedar ahí y quería que me dejara de molestar, no se me ocurrió nada más fantasioso que escribirle: “Esos cuentos explícalos cuando te cite la fiscalía a reconocer las grabaciones que tengo de tu teléfono”. Nunca más me molesto de nuevo, y al parecer, creo que hasta se asusto con mis fantasiosas amenazas. Quizás con todo lo antes narrado, deberían pensarlo dos veces antes de molestarme por teléfono o por Internet, porque no saben con la chichita que se están curando.
El Pirata Mateo.
Este último mes ha sido súper dificil, y hoy le dedico mi blog a mi hijo, mi amigo, mi alegría en los días de pena y esa criatura quien me ama incondicionalmente, me recibe todos los días y me lengüetea cuando llego cansada, Mi perrito Mateo.Lo hospitalizaron el fin de semana por que hace un mes tuvo problemas con sus ojitos, porque se los rascó. Todo iba bien en su tratamiento, pero uno de sus ojitos se empeoró y ¡se le inflamó como 4 veces su tamaño normal!. Todo empeoró y el fin de semana perdió la visión de su ojito izquierdo, fue operado para cerrar su hijito hasta que pasé la infección y se regenere, pero gracias a Dios, no perdió el ojo completamente.
No sabemos mucho como va a quedar, porque todavía tiene el ojito cerradito, pero este fin de semana me di cuenta lo que podría llegar a sentir su tuviese un hijo…lo más probable que piensen que soy exagerada, pero el amor de los animales es tan mágico, que me es imposible no adorarlo!
Gracias a todos lo que me han apoyado, han rezado por Mateo, a Carolina su veterinaria que no ha dormido por cuidarlo y a todos los que leerán esto y le darán fuerzas a Mateito para seguir adelante y compartir con el mundo toda su alegría y ganas de vivir.
Recupérate bebé!!!!!!
pd: Ahora debe usar lentes!, son muy taquilleros y será el perro más top del barrio y del mundo!
¿El Sueño Americano?
Es muy buena, tiene todo lo que necesitan saber de este método, recetas y muchas cosas entretenidas! Dejen sus comentarios y compártanla con sus amigos.
¿El Sueño Americano?
Cuando tenía 15 años, un día decidí que quería irme bien lejos, a ver si mi vida tomaba un nuevo rumbo. Después de convencer a mis padres sobre mi algo alocada idea, viajé a Estados Unidos a quedarme en la casa de una amiga, aprender inglés y vivir el sueño americano a mi corta edad.
Nunca pensé que el hecho de viajar iba a cambiar tanto mi vida, pero así fue. La idea era madurar, conocer otra cultura, volver a mi país llena de nuevas ideas que pudiese desarrollar, y crecer como persona, pero no de la forma que lo hice.
La palabra engordar jamás había existido en mi vida. Pesaba 45 kilos; y siempre he sido bien formada pese a que nunca he sido alta, pero el tema del peso no era un problema hasta que llegué a Estados Unidos.
Just can’t get enough.
Mi destino era estado de Indiana, donde el índice de población con sobrepeso supera el 65% de lo habitantes, y eso se notó de inmediato. A la familia de mi amiga Stacy les encantaba comer, más bien, comer para ellos era un verdadero rito. Cada familia estadounidense en promedio, tiene, como mínimo, 2 refrigeradores en su casa, uno en la cocina y otro en el sótano. En Indiana los tornados son cosa de todos los años, por lo que las familias se acostumbran a comprar mucha comida (en su mayoría congelados, golosinas y productos altos en grasas) cada vez que van al supermercado, y así prevenir posibles problemas de abastecimientos en esos casos. Pero no se dan cuenta que el hecho de tener tanta comida dentro de las casas, los vuelve casi adictos a hacer todos sus quehaceres, sus reuniones e incluso el aseo, comiendo.
Todo este nuevo mundo fue algo extraño para mí. No hay vegetales frescos en los supermercados, y si los hay son sumamente caros, por lo que, a la hora de comer una ensalada, debes llenarla de diversas “salsas” y así no sentir el sabor tan plástico de los tomates o las lechugas.
El colegio también era un problema. A la hora de almuerzo tenías 6 opciones de comida, entre las que se encontraban un McDonalds (dentro del colegio), una pizzería, tacos, pastas, un Subway (sándwiches) y por último, la comida saludable del colegio (cosa obligatoria por el Plan de Salud del Gobierno de los Estados Unidos que obliga a los colegios a tener, por lo menos, una opción de comida balanceada), sin considerar además, que a modo de postre, que cada piso del colegio tenía 5 dispensadores de dulces.
Evidentemente, para alguien como yo que venía de comer comida casera, de ir a la feria los sábados y de las infaltables legumbres de los días lunes en mi casa, esto era más que una tentación.
La idea era probarlo todo. Todos esos sabores azucarados, esas exquisitas masas rellenas de cremas de colores, miles y miles de dulces de distintas marcas, chicles fluorescentes, pizzas de variados ingredientes y todo aquello que alguien en su curiosa adolescencia pudiese pensar en comer estaba al alcance de la boca.
Mi talla en ese entonces era 0 (36 Chilena), y allá solo la encontraba en la ropa de niños, por lo que, para el común de mis nuevos amigos y conocidos, yo era “esquelética”. La seguridad que sentía en relación a mi peso, y a que eso no iba a cambiar si comía diferente, era tan grande, que ni siquiera me imaginé que mi ansiedad y mi imprudencia me llevarían a subir, exactamente ¡¡¡30 kilos!!!
Fue terrible, pero la verdad, no me di cuenta. El sobrepeso es un gran tema en Estados Unidos, ya que pese a todo lo que subí, yo seguí siendo solamente “gordita”, pero no obesa, en comparación con mucha gente que me rodeaba.
Lo peor estaba por venir.
Después de un largo tiempo fuera de mi país, decidí volver, con un montón de conocimientos, nuevos amigos, bilingüe, pero con bastante equipaje extra. Cuando llegué al aeropuerto, mi papá no me reconoció, ni mis hermanos, ni mis amigos, ni nadie. Era otra persona, y eso me afecto infinitamente mi autoestima.
No me sentía bien conmigo, me cansaba muy rápido, sudaba más de la cuenta y ya nada era como antes, incluso en mis relaciones con mis pares. De ser una chica segura y muy preocupada de lo exterior, cambié radicalmente a todo lo contrario.
Todo esto se agravaría cuando al año de llegar me detectaron SOP (Síndrome de Ovario Poliquístico) e Insulino Resistencia, agravando aún más el tema del sobrepeso.
Ya han pasado algunos años, y después de muchos tratamientos y de volver a mi vida normal (con verduras de La Vega y todo eso) he perdido más de 20 kilos. Evidentemente, todavía no soy la de antes, producto de muchos cambios, dietas, desordenes por la universidad, stress, etc., que han hecho bastante complicado volver a ser esa quinceañera aventurada talla 0.
Últimamente, la dieta “Monty” (como le decimos las amigas) me ha ayudado bastante a regular mi metabolismo, y a mantener, y aun mejor, a bajar de peso, de forma lenta pero segura. Valoro de mi país la opción mucho más sana que podemos encontrar en relación a la comida. Frutas frescas, verduras, carnes adecuadas y mariscos son cosas privilegiadas en Chile, en comparación con otros países como Estados Unidos, en donde seguir a Monty (que está basado en dietas mediterráneas como la nuestra) es un verdadero desafío.
Sin duda alguna, este viaje cambió mi vida, pero puedo decir que todo ha ido mejorando, que mi salud está mejor y que con todos los conocimientos que he ido adquiriendo sobre esta enfermedad, sobre Índices Glicemicos y sobre dietas efectivas y que no te matan de hambre, volvería a viajar, pero esta vez, con una tabla de índices como mi guía turístico.
Inocencia Interrumpida
Siempre me he preguntado: ¿como se hace para volver a empezar?. Quizás, debería marcar este día como el día en que debo cambiar, comenzar de nuevo o comprometerme a no repetir todos esos errores que suelo cometer bien seguido.
No es que mi vida haya sido un desastre últimamente, pero me siento un poco cansada y apenada por una serie de hechos desafortunados, que sin duda, me harán crecer y entender que por mucho que quiera ser una niña, al parecer eso está bien cerca de desaparecer.
Ayer me miraba al espejo y pensaba: ¿tendré cara de vieja?. Me encanta ponerme en el lugar del resto para apreciarme, y pensar como me ven las demás personas; pero mis ojos tristes, seguramente revelan todo eso que se perdió entre la desesperación, la frivolidad y la seguridad de aquellas decisiones que solo tienen un camino, el único y el peor de todos.
Mucha agua bajo el puente
Hace un año un mes un día que no escribía en este blog…y gracias a que siempre hay gente que te recuerda que hasta las tonteras escritas acá pueden ayudar al mundo, es que he vuelto en gloria y majestad!Hay pasado tantas cosas desde ese 9 de septiembre del año pasado. Sería eterno empezar a describir todos los sinsabores, bendiciones, hermosos momentos, tortuosas y vergonzosas situaciones, esos millones de logros y todos los enredos de mi loca, pero hermosa vida, sobre todo en los últimos meses.
Las cosas siguen tranquilas, quizás ahora, con una yo mucho más centrada, más profunda, sumamente desconfiada pero esperanzada de lo que estoy viviendo, día a día, sin aspirar a mirar más adelante de lo que realmente puedes ver.
Sigo viviendo en Santiago, pero ahora me gusta lo urbano y desordenado de esta ciudad. Disfruto de hartos lugares que no conocía y ahora tengo un perro!, el mateo, que me ayuda a derramar cariño y alegría en las tardes donde corremos por la calle.
Tengo tanto que contar y tanto que escribir, pero sigo mañana, porque mi vida sigue en reuniones de viernes a las 10.
Quiero dar gracias a todos aquellos que se han tropezado conmigo este año, tengo que decir que cada uno de ustedes ha sido muy especial en mi vida y que guardo millones de recuerdos hermosos. A los de siempre, evidentemente, gracias…y a los que aún no llegan, estoy ansiosa de que esto siga!
Y así sigue corriendo el agua…
Me quiero enamorar.
Pero no descansaré, porque sueño con esto…y me quiero enamorar con todo el corazón, aunque me cueste romper mi corazón una y mil veces más.
La Asumida.
Ya me resigné.
Nunca voy a poder ser una “mujer” con todas sus letras, y por más que trate de compararme con “mujeres” de mi edad, no hay caso de encontrar alguna semejanza. Diosito me hizo así: tiernita, pequeña y extremadamente “niña”, por lo que ya estoy más que acostumbrada que en mi nuevo trabajo, cuando finalmente me conocen (hablo demasiado por teléfono), me digan: “uyy, pensé que eras más grande!” o “oye! tienes cara de niñita!”…y yo con mi ternura que me caracteriza digo siempre: “shi (chi…jaja), a mucha honra”.
Con esto de tener compañeras “adultas” de mi misma edad, me he dado cuenta que esto de ser seudo-pendex, tiene más ventajas que cosas malas:
- Pasas por superdotada (por lo jovencita)
- Todo lo consigues con una risa tierna y con un “EJEMMM!” (cierras un ojo y pones tu brazo derecho detrás del cuello.)
- Todavía no tengo patas de gallo.
- Me puedo comprar todas esas sucherias de colores para el pelo, poleras de monos animados, muñecas y carteras afelpadas, y no me veo tan ridícula.
- Puedo llevar mi maravillosa agenda de Betty Boop a las reuniones en las oficinas de El Bosque, y a nadie le parece “raro”.
- Todos me dan consejos que jamás seguiría, pero con eso consigues que te cuiden, como si fueras algo así como “la hermana pequeña”.
- Cuando te enojas o retas a alguien, causas tanto revuelo por lo extraño de ver a una “pendex furiosa”, que al final, te hacen caso.
- Si no te maquillas nuevamente después de la hora de almuerzo, piensan que tienes un “look natural”, y no se ve tan mal.
- Se me acepta más la informalidad.
- Etc…
Igual, pese a todo, me dio un poco de lata finalmente aceptar dos cosas:
- Que hoy en el ascensor, con las dos regias y altas chicas con quien tuve la reunión en la tarde, y que tienen solo un poco más edad que yo, me hicieran sentir demasiado incomoda, como si estuviera de “visita de colegio” y que al compararme en el espejo, sintiera que no tengo mucho en común con las mujeres con quien trabajo habitualmente, por lo menos en lo estético.
- Que soy de gusto de lolo cuma de la “contru” (por lo pechugona y caderuda), o de carteros, carniceros, conserjes, etc.; todo esto por los miles de piropos que he recibido en estos días por hombres de ese estilo, y que mis virtudes se alejan bastante al prototipo de “galla regia”.
De todas formas, saco cuentas alegres, y como al parecer el viejazo me llegará más tardíamente que al resto, estoy amando y encuentro muy gracioso que la gente me vea distinta a lo que mi cerebro y edad cronológica me dictan, y como cuerpo y mente van de la mano, reconozco que, al parecer, sigo siendo una niña, en más de algún sentido.
Sin City.
Llevo ya casi 3 meses viviendo en la metropolis de Chile. Y pese a que todavía no me acostumbro, creo que mi cabeza ya está entendiendo las extrañísimas cosas que he visto durante este tiempo. -La administradora de mi edificio, de ser la Sra. seria y recatada…(y viuda) que conocí el primer día que llegué a mi nuevo departamento (justo llegué cuando se había agarrado con un conserje que ella misma despidió el mismísimo día, y que entre llantos me tocó consolarla mientras me explicaba “las reglas” del edificio) se transformó en casi 3 meses en una rubia escotada, parrandera y alcohólica, junto a otra señora, que al parecer, la llevó por los malos pasos, al punto de haberlas visto borrachas entrando al mi apacible edificio, donde mi amable y caballero novio les abrió la puerta entre las risas de estas octogenarias que no hallaron nada más gracioso que piropearlo en mi cara. Menos mal que no soy celosa de personas que podrían ser amigas de mi weli.
- Me tocó un conserje chanta, que me prometió lavar mi alfombra del departamento por $12.000, y al final cuando llegué, no hizo nada, argumentando “shi! si le eché hasta QUICK!”. Sin comentarios. Obvio que no le pagué, y ahora me hace la pata para que no lo acuse de su eficiencia en limpieza con la vieja ebria.
- Todavía no entiendo ese afán de la gente por tocar la bocina.
- Tuve que ir a mi universidad a completar mis créditos de deporte y me CARGÓ, nunca había visto tanto auto del año, tanta mina hueca (supongo que son todas mechonas, porque la U es la U), y tanto niño cuico comentando que “mejor se iba a la casa de su polola, porque estaba cansado de no ver a las minas ricas que le habían prometido, y que al parecer, por esa razón se cambiaría de universidad el año que viene” HORROR.
- Me estafaron en la bencinera que está en Dublé Almeyda con Pedro de Valdivia YPF. No me echaron bencina y el pajarón del Alex pagó y no le dieron la boleta (mientras yo estaba afuera del auto comprando una bebida), y cuando fui a reclamar, el muy picante funcionario, en medio de su nerviosismo evidente, no se le ocurrió nada mejor que agarrarme a garabato limpio…y como yo no aguanto ese tipo de situaciones (más porque me dan verguenza ajena), la muy picada llamé al mismísimo dueño de la bencinera (fue fácil ubicarlo http://www.amarillas.cl/), así que eso que le dije cuando pegué el portazo: “voh no sabís con quien te estay metiendo wn chanta!”, al final funcionó hehe.
- Vi un atropello atroz en la esquina de mi oficina, de dos hermanitas, la menor de 4 años murió producto de que una micro amarilla (fue en Enero) le pasó por encima. Mi oficina quedó en shock, asi que preferimos irnos a la casa, esperando que con el Transantiago, que todavía no empezaba, cambiara en algo las cosas.
- Y llegó el Transantiago, y la mitad de la oficina llega tarde, un 75% está alterada o más mal genio que de costumbre y casi un 60% de toda la oficina odia a Zamorano todavía.
Últimamente, veo demasiada gente enojada por todas partes, lanzas en Providencia como si estuvieran trabajando honradamente de cuello y corbata, gente atochada en las calles, micros y paraderos tratando de llegar a descansar a sus hogares y solo caras serias entre la cuna de cemento.
Obvio que tengo mil otras razones para estar contenta, porque todo no ha sido malo, quizás solo eso ha sido lo malo, pero mi empatía es singularmente preocupante y al parecer a veces el ánimo del resto, te afecta de rebote.
“Un burla, una burla”.
Ugly Fran
Siento una especial simpatía por la nueva serie de ABC “Ugly Betty”, y aunque algunos piensen que es la imitación yanky de “Betty la fea”, esto es absolutamente falso, porque en lo único que se parecen es que el papel principal lo tiene una chica, que para el lugar donde trabaja, es particularmente poco agraciada.
Hoy fui al Mall, después de toda una mañana en la última simulación de juicio oral del taller que tomé en Agosto. Me tocó hacer el contra examen de la defensa a un carabinero chanta que detuvo a unos pobres bolivianos indocumentados, y que según él, gracias a su olfato súper poderoso, encontró droga dentro de la habitación de los cholitos, llegando y entrando como pedro por su casa, a una habitación ARRENDADA sin orden judicial ni nada que se le parezca. Me lo defequé diciendo que ¿a donde estaba la orden?, que todo empezó por una llamada anónima en contra de mis representados, y que estaba equivocadísimo al pensar que esto era un delito flagrante de tráfico porque el hecho de sentir “un olor extraño” y por esa razón entrar a un recinto privado sin mediar ni un “podría” siquiera era bastante dudoso, más aún, pensar que él pudiese, desde afuera de la pieza, sentir “ese olor a éter” (él lo llamaba éter) de la droga, cuando ésta estaba dentro de una caja y además dentro de una bolsa cerrada al interior de la pieza y bien escondidita, y para rematarla, el olor a éter en volada era el de su “pachulí”, porque la coca, no tiene olor. Así que por dárselas de encachado, como el guatón Loyola, salieron todos absueltos por ilegalidad en el procedimiento y prueba ilícita…¡¡¡TOMA!!!
Bueno, a lo que iba es que fui al Mall a pasear después del triunfo, y cuando iba caminando fuera del ShopDog de 14 Norte, empezó la trilladísima canción de Shakira – Hips Don’t Lie, y fue inevitable esbozar una tremenda sonrisa y acordarme del episodio donde Betty, que vive en Queens, tiene que ir a una cena elegante con un guapísimo fotógrafo para que éste llegue a un acuerdo con la revista MODE, donde Betty trabaja. Queens es un barrio bastante HOT, bien latino latino, y coloridísimo, así que la mandaron a la mejor peluquería del sector, y después de horas de ver estrellas, quedó emmm…vean el video jaja
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Así que saqué pecho, me sentí bella y empecé a caminar patulecamente con mis tacos (andaba toda terneada por la simulación, y todavía no sé caminar con los famosos “aguja”) hasta saqué piropo, aunque provengan de esos vagonetas típicos que se paran en las afueras a puro sapear a las minas “Pelo Lais” que entran.
Ahora estoy descubriendo que todo va en la actitud, y me identifico con Betty, porque personas como yo a veces tratan de brillar por su inteligencia y por su ternura, pero es bueno como mujer sentirse sexy y hermosa, como las “huchi mamas” de Queens. A propósito de hermosura, también estoy sumamente preocupada de mi estética, me vino la preocupación que voy para los 30 y que quiero ser una vieja regia, aunque no haya pescado lo anterior en todos estos años de universidad y simplicidad (obvio, hay gente que le sobra el tiempo). Tengo varias novedades al respecto, pero cuando resulte, lo contaré, o aconsejaré que hagan como yo, y mi blog se transformará en esos típicos de auto-ayuda (que no soporto) así que prefiero seguir escribiendo mis tonteras y mis rollos internos, para no perder esa parte ñoña de Betty que pese a lo que la gente pueda pensar, me encanta.




